Story
En la Escuela Secundaria Belgrano, dos estudiantes eran conocidos por todos: Camila y Tomás.
Camila era una de las mejores alumnas del colegio. Responsable, inteligente y siempre dispuesta a ayudar. Tomás, en cambio, era rebelde, llegaba tarde a clases y pasaba más tiempo jugando al fútbol que estudiando.
Aunque parecían completamente diferentes, el destino terminó uniéndolos.
Todo comenzó cuando una profesora los asignó al mismo proyecto de ciencias. Ninguno estaba contento con la decisión. Camila pensaba que Tomás era irresponsable, y Tomás creía que Camila era demasiado estricta.
Las discusiones fueron constantes durante las primeras semanas.
—Nunca te tomás nada en serio —le reprochó Camila una tarde.
—Y vos te preocupás demasiado por todo —respondió Tomás.
Sin embargo, mientras trabajaban juntos, comenzaron a conocerse de verdad.
Camila descubrió que Tomás no era un chico problemático porque quisiera serlo. Su padre había abandonado a la familia años atrás y él trabajaba después de clases para ayudar a su madre y a su hermano menor.
Tomás, por su parte, descubrió que la vida de Camila tampoco era perfecta. Su madre estaba gravemente enferma y ella cargaba sola con muchas responsabilidades en su casa.
Por primera vez, ambos dejaron de juzgarse.
Con el tiempo nació una amistad profunda. Compartían largas conversaciones después de clases, se apoyaban en los momentos difíciles y empezaron a sentir algo más fuerte que la amistad.
Pero ninguno se atrevía a decirlo.
Todo cambió cuando llegó Nicolás, un nuevo estudiante. Era simpático, popular y rápidamente comenzó a acercarse a Camila.
Tomás sintió celos por primera vez.
Una tarde vio a Nicolás abrazando a Camila en el patio y se marchó sin decir nada.
Durante días dejó de hablarle.
Camila intentó explicarle que Nicolás solo era un amigo, pero Tomás no quiso escuchar.
—No tenés que darme explicaciones —le dijo con frialdad.
—¿Entonces por qué te comportás así?
—Porque ya no me importa.
Aquellas palabras fueron una mentira, pero causaron un daño enorme.
Camila terminó llorando en los baños de la escuela.
Desde ese día dejaron de hablarse.
Las semanas pasaron y ambos sufrieron en silencio.
Las calificaciones de Tomás comenzaron a bajar. Camila ya no sonreía como antes.
Hasta que ocurrió algo inesperado.
Una noche, la madre de Camila sufrió una grave descompensación y fue internada de urgencia.
Camila dejó de asistir a clases durante varios días.
Cuando Tomás se enteró, comprendió que nada de lo que había ocurrido entre ellos era más importante que estar a su lado.
Fue al hospital.
La encontró sentada sola en un pasillo, con los ojos cansados de tanto llorar.
—Perdón —dijo él.
Camila levantó la mirada.
—Fui un idiota. Estaba celoso. Porque te amo.
Por unos segundos solo hubo silencio.
Entonces ella comenzó a llorar.
—Pensé que nunca ibas a decirlo.
Tomás la abrazó con fuerza.
—Yo también te amo.
Aquella noche permanecieron juntos hasta el amanecer.
Meses después, la salud de la madre de Camila mejoró lentamente. Tomás estuvo presente en cada paso, apoyándola cuando más lo necesitaba.
Al finalizar el último año de secundaria, ambos recibieron sus diplomas tomados de la mano.
Habían atravesado peleas, celos, dolor y miedo.
Pero también habían descubierto que el amor verdadero no consiste en encontrar a alguien perfecto, sino en permanecer junto a esa persona cuando todo parece derrumbarse.
Y mientras abandonaban la escuela por última vez, sabían que su historia apenas estaba comenzando.
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